Para la historia política dominicana
El Cónsul Dominicano en Curazao en 1945, señor Andrés Julio Espinal, en diversas conversaciones había presentado la posibilidad de que el problema político dominicano tuviera una solución pacífica. Pero los exiliados tenían sus dudas, y procuraban saber si éste tenía autorización de su gobierno para conducir el tratamiento de un problema tan delicado –lo que les hubiera permitido medir el grado de fuerza o debilidad política del régimen trujillista– y justificar, a los ojos del espionaje de la dictadura, el viaje que para fines de otro tipo y en esas fechas debían hacer a Curazao Juan Bosch y Buenaventura Sánchez.
Es en ese marco que se produce el intercambio de cartas que se publican en este libro, a sabiendas de que se trata de documentos invaluables, porque demuestran que la insistencia en buscar una solución política ponía al descubierto una situación de debilidad en el régimen, y porque la oposición desterrada tenía una buena oportunidad de reclamar beligerancia de las cancillerías americanas mediante una respuesta adecuada.