Los cuentos del candado que no están contados
“¿A quién no le gustaría ser una reina o un rey? Muchas damas sueñan con ser soberanas de trajes hermosos, con muchos pajes que se rindan a sus pies; una reina majestuosa entre lindos paisajes, bandas musicales y bailarines los días festivos.
Pero hubo una vez una reina llamada Casandra, que vivía en el Palacio Girasol y no se sentía feliz en el edificio de redonda cúpula, jardines de lirios y un lago donde nadaban preciosos flamencos. No, qué va. Ella daba lo que fuera por renunciar a su posición de reina, pues se sentía aburrida, ¡aburridísima!, en ese palacio.
No valió llevarle el famoso payaso Risita y animales de circo, como el divertido oso malabarista; tampoco se entusiasmó cuando vino el príncipe más apuesto del reino vecino, a cantarle sus mejores canciones, acompañado por el alegre trío de su tierra, ni cuando la campesina Lidia le entregó una canasta de guano llena de guayabas y granadillos”.