¿Y tu abuela dónde está?
Este ensayo persigue un claro y definido objetivo: reivindicar la participación del negro en la historia y la cultura dominicanas como sujeto protagónico de ellas. Este protagonismo, aupado a sangre y fuego, ha sido sistemática y conscientemente negado por los historiadores de tendencia conservadora y racistas a machamartillo, quienes sostienen, con un empeño digno de mejor causa, que el negro, esclavo ayer, ciudadano de segunda clase hoy, asimiló a tal grado la cultura española, olvidando totalmente la de sus ancestros africanos, que se convirtió en un blanco más, si no en su epidermis, al menos por sus costumbres e idiosincrasia.
No obstante el esfuerzo llevado a cabo por dichos historiadores para vedarle al negro el sitial prominente que le corresponde en la vida y ethos de la República Dominicana, lo cierto es que ambos no podrían ser entendidos y explicados correctamente sin la presencia y actuaciones del esclavo y sus descendientes. Ellos integraron e integran mayoritariamente la población dominicana, desempeñaron un papel relevante en los acontecimientos más trascendentes del país, contribuyeron en gran medida a la fundación de la nación y padecieron los efectos de los prejuicios y discriminación a que fueron sometidos por la clase dominante.
Todas las teorías, elevadas a la categoría de verdades incontrovertibles pero que no pasan de simples mitos sin asidero alguno, que pretender demostrar que la República Dominicana preserva incólume, ajena a manchas contaminantes, las esencias heredadas de su origen y pasado hispánicos, no resisten el más somero análisis a la luz de los hechos y documentos disponibles. Unos y otros están ahí, hablan por sí solos y, por mucho que se intente negarlos, ocultarlos o tergiversarlos, acomodándolos a intereses espurios, testimonian una realidad incuestionable.