Música de salamandras
“Avanzó penosamente a través de la maleza. El
cuerpo recio y negro de Anatolio, como tallado
a mano por lluvias y breñales, pasó por el
doble espejo de los ojos del armadillo y este
lo percibió como a un cíclope amenazador. Por
eso se quedó inmóvil, como muerto, mientras
Anatolio pasaba a su lado, por el sendero tupido
de hierbas.
El negro llevaba un casco de minero con la linterna
en medio de la frente, y atada a la cintura
la pila seca que la alimentaba.
Si alguien hubiera tenido la mala suerte de
toparse con él a esas horas, allí en mitad del
monte, se hubiera llevado el susto de su vida.”