Bredo, el pez
“Y salieron. Casi enseguida la vegetación de algas fue haciéndose más alta y los obligó a avanzar lentamente, aunque con la tranquilidad de saberse menos visibles para cualquier ojo enemigo. En un punto del camino, comenzaron a subir, siempre pegados a la pared y siempre en el mismo orden: Podos delante, luego Dino, y por último, Bredo. Así iban, casi llegando a lo más alto de la pared, cuando una extraña sensación hizo que Bredo mirara hacia atrás. Nunca había visto un pez tan grande ni de un azul tan duro como aquel que lo observaba con sus ojos fríos. Pero en realidad fueron los dientes ganchudos y la cabeza aplastada los que convencieron a Bredo de que por primera vez en su vida estaba frente a Chato, el tiburón.”