El patio de los bramidos
“El jeep militar avanzaba con cierta cautela por la autopista Duarte. Era noche cerrada y la vía, barrida por los faros, parecía desierta. En algunos tramos se veían vehículos abandonados, cosidos a balazos. Poco antes de La Vega, el sargento Mendoza, quien conducía con las mandíbulas apretadas y los ojos aguzados, encontrando de improviso un camión de largo recorrido atravesado en plena vía, frenó de golpe, lanzó un ¡coño!, y se estremeció. A su lado iba un teniente apellidado Carrasco, con las insignias de coronel. Al socaire de la revolución, estallada dos meses atrás, muchos militares se habían hecho ascender a sí mismos jerárquicamente y Carrasco no había sido la excepción.”