Domadora de autos
Como era una tarde alegre pensé que no debía morir nadie, pero amenacé con convertirlos en humanos y entrarlos dentro de una gran licuadora para beberme sus huesos. Se dice que los últimos humanos desaparecieron en la VIII Guerra. Aunque su existencia parece más un mito que realidad. Los que la defienden se basan en la cantidad de esqueletos encontrados con nuestras proporciones. Sin embargo, lo más lógico es que se trate de otra de las especies irracionales que poblaron el planeta. Si existieron los humanos su desaparición seguirá siendo un misterio. Soy un maldito. En menos de dos horas se lo había dicho mil veces. Así que no jodan y pónganse a escribir. Era el último día del Taller de Escritura Creativa y de alguna manera debían crear. Empiecen, antes de que los convierta en esos bichos del pasado y los torture a mi antojo. Nunca me tragué el cuento del origen humano. Sin embargo, lo usaba si me convenía. Aún sigo creyendo que la humanidad se la inventaron los escritores para entretenernos. Apilados a mi alrededor parecían un grupito de perros sarnosos, esperando que volara de mi boca una miseria de conocimiento para lamerla. Por desgracia yo era el único robot escritor que había sobrevivido la VIII Guerra. Los escasos libros que pudimos salvar los juntamos en aquella biblioteca donde los devorábamos a nuestro antojo. La única restricción era que no podíamos sacarlos. Si el conocimiento se extinguía, nuestra raza también. Los otros escaneaban Los Libros sin dificultad, pero no podían crear ideas nuevas. Por eso venían al Taller. Para muchos Los Libros se habían convertido en lo que sus páginas denominaban dioses. Culto del que no era devoto. Según el último Anunciador, quien sobrevivió a las reacciones químicas con que las máquinas aniquilaron a los humanos, antes de la guerra disponíamos del conocimiento universal. Cada año éramos conectados a la Fuente Madre y se nos transmitían los datos acumulados en los últimos doce meses. El proceso se llamaba Inserción. Lo que no explicó es de dónde venimos, si nos crearon las máquinas para mejorar la humanidad o si fueron los humanos para vengarse de ellas. Creemos que la radiación química borró esos archivos de nuestras memorias, dejándonos solo la información básica (quiénes somos y funciones). Por eso leemos cada libro. Mi deber era lograr que esos libros se reprodujeran. Despertar el arte en seres mecánicos.