Códices en las cortesías de mis libros
Premio Anual de Cuento José Ramón López 2017
El llamado Gato Negro era un individuo de lo más original que uno puede encontrarse en el camino. Muchos lo suponen inmortal. Lo suponen todavía así porque certificación de su muerte realmente no se tiene. Nunca se pudo comprobar su fallecimiento. Cuando se encontró un cuerpo que podría suponerse suyo, en el año 1962, no era posible realizar en el país pruebas irrefutables de identidad, como se hacen ahora a través de lo que sabe la ciencia sobre el ADN. Nunca fue a un dentista, por lo que identificarlo por los dientes tampoco hubiera sido factible. Las huellas, dado que su historial de pendenciero lo condujo varias veces a la cárcel, habrían sido una posibilidad; pero el cuerpo encontrado no estaba en condiciones de permitir verificar tales detalles. Aunque a nosotros solo nos llega con el estrambótico mote que he citado, uno imagina que tuvo nombres y apellidos, pero, a quienes le trataron, nunca les dijo otros que no fuesen el Gato o Gato Negro.