Poemas y narraciones
Es muy probable que Yelidá sea uno de los textos más importantes de la poesía dominicana del siglo xx. Afirmar esto podría ser una acción desmesurada si se toma en cuenta la calidad de tantos poemas escritos por dominicanos que forman parte del canon poético local. En un siglo tan plural como lo fue el xx en la poesía dominicana, existen textos de gran calidad y arraigados en la memoria de la cultura que han ampliado el imaginario de la isla, de su historia tensa y sus desarraigos, y que marcan una manera de trasladarse al discurso virtual que la poesía construye, en voces de una veintena de autores ya reconocidos como los fundamentales.
Tomás Hernández Franco (1904-1952) es uno de esos nombres que no pueden eludirse en cualquier intento de comprensión de la poesía dominicana. Hombre de carácter firme, de aprecio por la vida bohemia en la que la estética vivencial formaba parte de su lenguaje, con una energía vital que lo llevó a ubicarse en el corazón de la efervescencia creativa de París, representaba al individuo de destrezas en el arte del buen vivir. En 1921 publicó su primer libro de poemas, Rezos bohemios, con el que se dio a conocer y comenzó a ser considerado como una promesa de las letras dominicanas. En paralelo a su producción poética, desarrolló una importante obra narrativa que contiene elementos fundacionales de avanzada. Su primera obra en prosa, Capitulario: Cuentos y crónicas, vio la luz en 1923, con lo que quedó marcada su necesidad de comunicarse a través de distintos recursos expresivos. Lo mismo hizo a través de los ensayos y artículos publicados en diferentes medios.