Tiempo muerto
La industria azucarera moderna de la República Dominicana comenzó a partir de 1875 y diez años después estuvo a punto de colapsar por bajos los salarios a los cortadores de caña. La solución fue traer mano de obra de las Antillas inglesas. Estos inmigrantes vivieron innúmeras vicisitudes que iban desde el mal trato en los bateyes, por las condiciones de trabajo deplorables y los salarios sumamente bajos, hasta el tratamiento racista por parte de la población de acogida que los llamó despectivamente cocolos. La historia de esas vicisitudes la cuenta Raymond Smith, el papabuelo, un inmigrante de Saint Kitts and Nevis que llegó por La Romana y se radicó en el Ingenio Consuelo. Tiene como interlocutor a una nieta, Mariíta, quien escucha y también actúa. A través de ellos discurre toda una historia cargada de situaciones inesperadas y tan terribles como el mismo drama de la muerte.