La reina de Santomé
La reina de Santomé es una metáfora. Pero no sólo en el sentido de la traslación de una voz a otra figurada, en virtud de una comparación tácita. Tampoco como el tropo que permite la descripción de algo mediante una semejanza por analogía. Aunque esas mecánicas no están ausentes a lo largo de la red de pasiones de esta novela, en la que Guillermo Piña-Contreras nos pone ante la metáfora de un tiempo y de un espacio, ante la metáfora de una sociedad y su historia pública e íntima. El tiempo es el de la dictadura trujillista. El espacio, el de la isla donde la historia puso en marcha uno de los procesos de mestizaje más intensos del Caribe: “Un pueblo de mulatos que se creen españoles”, en el decir de Papapa, el abuelo, el personaje que es como la correa de transmisión de las bases históricas y sicológicas sobre las que se asienta esta sociedad desde la época prehispánica hasta los días de la coronación de la reina durante la clausura de la Feria de la Paz y Confraternidad del Mundo Libre.