Rueca y otros cuentos premiados
Una silla dura te maltrata. Pedaleas en tu máquina de coser: el calor, el repugnante olor a tela. Aborreces la monotonía; tu rostro lo dice cuando abres la puerta y encuentras de frente la realidad. “Te gustará”, decía papá. ¡Si supieras hacer otra cosa! Sabes que a pocos les gusta remendar trapos, aunque llevas un pantalón lleno de cicatrices; y esa camisa: en el barrio te conocen por ella. Tu camisa de rosas, rojas como la sangre, enmarcada en blanco hueso. Tiene tres años esa camisa, Raúl. Confeccionada el mismo día que desapareció papá, con los conos de hilo que encontraste al lado de la rueca.