Cortitos, cortos y no tan cortos
Hace rato que noto tu presencia. Me rondas como queriendo acercarte. Yo te miro de reojo y pienso en la satisfacción que representaría ponerte una mano encima. A veces parece que vienes derecho hasta mí y me preparo, pero luego te devuelves y te pierdes entre la gente y me quedo con las manos vacías.
Yo sé que tus propósitos no son buenos, que de consumarlos terminaremos a la fuerza emparentados, que puedes hacerme daño. Sin embargo, estoy avisada y no dejaré que me incites.
Por fin veo que avanzas hacia mí. Te detienes un poco, das unas cuantas vueltas a mi alrededor como buscando el lugar indicado. Te decides de una vez y vienes directo, atrevido. Preparo la mano. Cuando estás lo suficientemente cerca la aprieto de un solo movimiento con fuerza, luego la abro lentamente para que no te escapes y estás ahí, en medio de mis dedos, aplastado.