Contra viento y marea
Narrativa de Puerto Rico
Al igual que en la mayoría de los países hispanoamericanos, nuestra literatura comienza en la primera mitad del siglo XIX. Aunque existen algunos antecedentes como los mitos de la cultura indígena taína que compartimos con Santo Domingo y los relatos insertos en las crónicas coloniales, los primeros relatos de ficción aparecen en el Aguinaldo puertorriqueño de 1843, bajo la impronta de un romanticismo europeizante. El primer narrador que cultiva temas y asuntos criollos es Manuel Alonso (1822-1829), escritor costumbrista y autor de El jíbaro, primer clásico de la literatura puertorriqueña, publicado en 1848. El costumbrismo como indagación crítica y celebración de nuestra identidad cultural tendrá larga y fructífera vida en Puerto Rico.
Junto con Alonso, otro de los grandes fundadores de nuestra literatura nacional es Alejandro Tapia y Rivera (1826-1882), autodidacta de vasta cultura, liberal de ideas muy avanzadas y autor de una obra extensa y variada que incluye varias novelas y algunos cuentos. Con La palma del cacique (1852), basada en la rebelión indígena de 1511, Tapia inicia la ficción histórica, otro renglón muy fértil en la narrativa puertorriqueña que ha resurgido con fuerza en tiempos recientes. Ramón Emeterio Betances (1827-1898) le sigue con Los dos indios, asumiendo una perspectiva más anticolonialista y radical frente al mismo asunto. Particularmente originales e innovadoras son dos novelas, Póstumo transmigrado y Póstumo invirginiado, en las cuales Tapia combina la fantasía y la ironía carnavalesca con su feminismo radical y la crítica demoledora de la sociedad europea.