TPIY
Confesión de un asesino
Estoy encerrado entre cuatro paredes de hormigón armado esperando la hora de mi muerte. Apenas faltan 45 minutos para la ejecución. Es un lugar desconocido, no sé si es un viejo edificio abandonado, parte de un pabellón compartido o es un mero lugar para torturar traidores. No sé si estoy bajo las ardientes arenas del Sahara o aislado en Guantánamo frente a la nariz de Fidel Castro. Tal vez estoy en la vieja y lastimada Europa del Este, en el gélido Polo Norte o quizás en un apartado calabozo en el castillo de Bicêtre.