Dos vivencias y una historia
Villa Juana / Club Mauricio Báez
En un descuidado solar de Villa Juana, veíase un imponente framboyán con su copa aparasolada y sus hermosas flores rojas, que al darle los rayos del sol proyectaba sobre la acera y parte de la calle, una agradable sombrona que era el deleite de la vecindad. En ese lugar, se fundaría luego la institución que moldeó el barrio, parte de mi vida y con el correr de los años, propiciamente al país. Vivía yo, en la misma acera a escasos cien metros de allí (M. Báez #193). Villa Juana era en aquellos tiempos, una barriada mayormente de cuartearías en madera y techos de zinc. Para entonces mi mundo era tan chico como el decir (sin exagerar): “que más allá de una voceada no debía separarme de mi hogar.»