La triada II
Evolución política dominicana post Trujillo
Aribaldes afinaba una melodía propia mientras caminaba por una senda en un parque capitalino. Es un aristotélico quien cree que no solo basta decir la verdad, sino que más conviene mostrar la causa de la falsedad. Le preocupaba el drama humano que percibió en un reciente periplo por el interior del país: hombres, mujeres, ancianos y niños atribulados. La población con oropeles y tecnologías disponibles como nunca en su historia, aunque no todos compartiéndolas.
En ese escenario vagaban los perros, los llamados ‘el mejor amigo del hombre’, en un aguante errante. Nuestra naturaleza isleña vulnerada. Los ríos, lagos y mares descompuestos, las erosiones extendidas y los aires viciados. Algo anda mal.
Su amigo Demófeles le esperaba recostado a un árbol que creía suyo en un sendero contiguo al canto de la desnivelada calzada. Luego de intercambiar los saludos habituales impone un tema metafísico para neutralizar la saturación de cuestiones políticas en los medios. De antemano sabía que era puro teorizar pero la tarde invitaba a ello.