A momentos agrios sácale el jugo de la oportunidad
Queridos míos, A momentos agrios sácale el jugo de la oportunidad es un breve manual que nos ayudará a sobreponernos a momentos desafortunados.
Como todo en la vida, hay eventos que bajan como por la Ley de la gravedad del físico matemático Isaac Newton. Miramos al cielo plomizo, y nuestra fe por momentos también se ve nublada y sombría.
Nos quedamos compelidos a la queja, siendo tóxicos y agrios para los demás. Damos de eso que tenemos, amarguras, toxicidad verbal, dolores, heridas y venenos.
Quedándonos en los lugares donde recibimos toda esa basura interior, revolcados en el golpe que nos fue infringido y sangrando sobre otros las roturas que llevamos dentro.
Nos opacamos y no sabemos cuáles decisiones debemos tomar. Se nos agolpan las dudas, nos asaltan los miedos y llegamos a acuñar la errada percepción de que el planeta conspira contra nosotros. Algunos se van a los extremos de pensar que a alguien le cae mal en el cielo y que se las trae cogidos con ellos.
Se nos olvidan todos los versos bíblicos que nos animan a continuar y caemos de abruces en el lecho del desaliento. Arropados con la cobija de una congoja inusitada. Ateridos de miedo, dolores, heridas, rendidos en cualquier esquina del planeta, a la deriva y sin rumbo. Con la brújula del discernimiento apagada.
A todo esto, Dios tiene un propósito para nuestras vidas. Nada surge de la nada según el Apóstol Santiago Ponciano. Nuestros eventos desafortunados pueden ser las bases donde se apoyen nuestros más grandes testimonios de vida. Ponciano dice: Si te cambian tu pasado te quitan el futuro glorioso que te espera.
Nuestros fracasos con fe pueden ser el medio que inspire a otros que se sienten en total derrota. A los momentos agrios podemos extraerle el jugo de la oportunidad.
Si del cielo caen limones es para que pongamos un puesto de frutas, una empresa de jugos, vendamos mermeladas de naranjas. Hagamos velas aromáticas con olor a cítrico perfumador, para que al encender la luz de la creatividad y la revelación podamos expeler un aroma a victoria.
Que otros olisqueen el aroma embriagador a esperanza. Que podamos abandonar la toxicidad verbal de la inconformidad y volemos al jardín de las oportunidades.
Simplemente vuela del lugar donde fuiste herido. Dios no quiere que vivas siempre en esa condición deplorable. No te quedes en el lecho de dolor, Dios quiere hacer nuevas cosas y llenar todo lo agrio en jugo de rosas.
Son mis anhelos verte dar fruto y cuando te expriman en el lagar emane de ti un vino nuevo y no vinagre. Que sean tus más grandes roturas que se transformen en el vehículo que movilice tus grandes victorias.
Recordando que todo lo que nos pasa, para algo nos pasa y hay propósito en todo ello.