Incomprendida
Mi piel está pálida, llevo rosas en la mano, siento que me lastiman, pero el ardor no importa. Zancadas largas, pasos firmes, respiración estable, una lápida sin rosas y aparenta que no recibe visitas. Ese es mi destino.
Nada me detiene, más bien siento el apoyo de quienes dejé atrás, un paso, dos, tres y por fin llego, me dejo caer, y las espinas de las rosas comienzan a arder con más fuerza al dejarlas caer frente a la lápida, de verdad estoy aquí, aunque falte ella.