Antes de que la casa se derrumbe
Gregorio Frías recuerda que el primer eslabón de su lar-
ga cadena de fatalidades empezó aquella mañana en que se
cruzó en su camino el bandido de Eligio Paredes, mientras él
avanzaba en su caballo hacia Santa Ana en procura de algunas
provisiones comestibles para su familia. El desvergonzado ve-
nía dando tumbos debido a una de las tantas borracheras que
desde hacía mucho tiempo tenían en zozobra a sus conluga-
reños. Eligio, además de afamado bebedor de aguardiente, era
un fi no cuatrero y un legendario jugador de cartas, de dados
y lotería.