Por eso no volveré nunca
Premio Letras de Ultramar de Cuento 2018
Desde lo alto de mi azotea, en el fondo de la calle una silueta de blanco se transforma en una mujer negra atrapada en el centro de mi cámara. Muevo el anillo, enfoco su cara y noto que las escleróticas alrededor de sus pupilas de café son inmensamente blancas, blancos también son sus dientes, cuando sonríe, como si un bello pensamiento la acompañara y se quedara prendido entre medio de sus dos argollas doradas y el rojo intenso de sus labios gruesos recién pintados. Tiene las caderas grandes, sus muslos también lo son. Se le resaltan sobremanera, cuando con sus tacones camina por la acera, agujereando la perspectiva de los adoquines, que no parecen llevarla a ninguna parte concreta, o al menos, no a ningún lugar adonde pareciera querer llegar específicamente.