Atrapada
Las cosas a las que les tenemos miedo son invencibles, no por su naturaleza, sino por la forma en que las vemos.
Ese presentimiento, ese temor, esa duda que ahincó en mi corazón, era por algo.
Debí de haber escuchado a esa voz en mi cabeza que insistía en protegerme. No hice caso y tuve que pagar con lágrimas de sangre mi error.
Ya no hay vuelta atrás, aún con mis cicatrices abiertas y con el corazón destrozado, repito las palabras de la persona que me convirtió en quien soy ahora. No era una persona vengativa, por él lo soy ahora, no me importa, puedo manejarlo.
Con las pequeñas piezas que pude recoger de mí, volveré con más equipaje del que me llevé. Antes de cerrar la puerta y luchar contra lo que me espera, repito las palabras del ser que más odio en mi vida:
«A veces para poder ver, hay que cerrar los ojos».