La importancia de la lectura para los estudiantes
temprana edad tuve una experiencia muy particular
con un libro. El día que terminé de leerlo me ocurrió
algo extraño y gracioso. Cuando me lo entregaron
miré de reojo el volumen de 471 páginas; francamente pensé
que no lo iba a leer. Yo había leído varios libros, pero no me
consideraba un lector, aunque ya había cumplido los quince
años. Leerlo me llevará un mes, pensé. Pero cuando comencé
me sentí tan atrapado que llegué sin darme cuenta a la últi-
ma página en seis días. Quedé tan satisfecho, tan fascinado,
tan complacido, tan gozoso que cuando concluí me dije a mí
mismo: “voy a escribir una novela”. Y de inmediato me levan-
té de la silla, fui a un colmado, y compré una libreta rayada
para comenzar a cumplir la promesa que me acaba de hacer.
Con el paso del tiempo he leído esa obra seis veces. Ese libro
es Cien años de soledad. En ese momento no escribí ninguna
novela, pero descubrí lo que me sucedió: había sido tocado
por el placer de la lectura.