Jaragua no cae / Jaragua won't crumble
República Dominicana todavía no era el destino turístico en el que finalmente ha logrado convertirse cuando un hito marcó el paso entre el sueño y la acción: en 1942 se inauguró en la capital, frente al mar Caribe, un hotel de gran tamaño que le anunciaba al mundo que el país estaba dispuesto a recibirlo en casa. Y no era cualquier hotel: era el primer establecimiento de su tipo en toda la región, una estructura racional que rompía con la tipología de la arquitectura hostelera antillana de la época y hablaba de una nación con deseos de modernidad y de mirar hacia un futuro luminoso. En 1985, en medio de protestas y desacuerdos, el Hotel Jaragua fue demolido. Entre su nacimiento aupado por la dictadura megalómana de Trujillo y su muerte en medio de las aguas turbias del mandato de Jorge Blanco, ¿cómo valoró el pueblo dominicano el establecimiento en cada una de sus etapas? ¿Sabíamos lo que estábamos perdiendo? O más importante aun: ¿Cuáles consecuencias estamos pagando hoy por la desaparición la que quizás fue la obra culmen de la arquitectura moderna dominicana?