Aproximación a la evaluación del léxico receptivo escolar en la República Dominicana
La competencia lingüística, comunicarse con eficacia, supone conjugar múltiples habilidades y conocimientos. Conocer muchas palabras y saber manejarlas es uno de estos saberes esenciales. La competencia léxica se concibe, siguiendo a Núñez y del Moral (2010: 94), «como el
grado de madurez y dominio léxico general de un hablante, que se pone de manifiesto en su producción lingüística, es decir, en su actuación léxica, ya sea oral o escrita». Dilucidar cuántas y qué palabras conocen los alumnos y en qué grado las dominan en su vida diaria es un paso
imprescindible para valorar su competencia léxica y para un acercamiento con garantías a propuestas de mejora en los programas y materiales didácticos, que serán más eficaces cuando logren proporcionar al docente los instrumentos que le permitan servir de puente entre el caudal léxico que posee el alumno y el que aspira a conocer cuando supere cada nivel escolar (Núñez y del Moral, 2010: 94).
El nivel léxico de un estudiante, valorado en cantidad y en calidad, puede considerarse una medida significativa, aunque parcial, de su competencia lingüística y de sus posibilidades de éxito escolar. Según Casso (2010: 35) el tamaño del vocabulario se convierte en un indicador
fiable del nivel de competencia lingüística del individuo; su extensión incide directamente en la calidad de la lengua escrita y en la fluidez de la expresión oral. Conocer la extensión de este repertorio léxico, y su grado de dominio, es imprescindible para planificar lo que debe enseñarse y cómo debe enseñarse.
Sin embargo, la medición del vocabulario, precisamente por las características inherentes a su naturaleza lingüística, por su número y complejidad de sistematización, puede resultar inabarcable.
Como punto de partida, los datos de Alvar Ezquerra (2003: 99-100) registran que un hablante culto maneja unas 30 000 palabras; que el léxico medio de una comunidad oscila entre los 3000 y los 5000 términos; que las palabras comunes a todos los hablantes giran en
torno a las 1000 palabras. Las palabras que podemos considerar muy frecuentes en el uso representan un número relativamente pequeño. Según Santiago (2000: 155) «las 4000 palabras más frecuentes de una lengua abarcan el 97.5 % de un texto».
Si se pone el foco en el entorno educativo, los textos escolares constituyen la fuente principal de incorporación léxica en el ámbito escolar. Como indica López Pérez (2008: 206, 213) actúan como generadores de prácticas educativas, modelan el aprendizaje del alumno –puesto que los conocimientos de todas las materias se adquieren a través de estos textos– y reflejan, en gran medida, el vocabulario de la lengua de instrucción, que «da soporte verbal a los distintos contenidos curriculares y compete, por lo tanto, a las diferentes áreas del saber y a las disciplinas que se ocupan de su enseñanza [...]»
De ahí la importancia de que la selección del material léxico que proporcionan estos textos no se base en criterios subjetivos, sino que se apoye en la conjugación de criterios objetivos, como la frecuencia de uso o la valoración de la productividad de las palabras y su posibilidad de ser
actualizadas en su actividad escolar –ejercicios y lecturas– para que se favorezca el aprendizaje léxico (Núñez y del Moral: 2010, 94-95). Solo una correcta selección léxica en los materiales didácticos y el empleo práctico y regular de las palabras que se adquieren pueden garantizar que estas sean trasvasadas por el alumno de manera efectiva desde su léxico (conjunto de términos que un individuo conoce) a su léxico productivo, o vocabulario (conjunto de términos que emplea un
individuo en su producción lingüística) (Lamíquiz, 1985: 225).