Sonia Cabrilis
Desde que conocí el poema de Félix Villalona, leído a propósito de la Noche Larga de los Museos, aposté a que estábamos en presencia de un escritor que sabía lo que tenía entre manos, y que podría darnos textos como los que aparecen en su libro.
Villalona ha emprendido su camino y lo ha hecho bien, su obra nos enriquece como tradición poética y nos coloca junto a otros autores de su generación, en los mejores niveles de la poesía que se hace en América y en España, eso pienso por lo menos, quedándome en nuestra lengua.
Mateo Morrison
Este poemario peculiar… en el fondo, nos revela un mundo sostenido por lo onírico y por la muerte. Sonia es una entidad onírica que expande la realidad desde el reflejo en un espejo. Una especie de museo en el aire enrarecido de la noche.
El mundo de Sonia, por su forma circular de morir, encierra la existencia de todo aquello que nace y muere en algún momento. Es extraño que nadie se haya detenido a otear en este mundo onírico y laberíntico del poeta Felix Villalona.
Víctor Bidó
La Sonia de Villalona, por su circular forma de morir, encierra toda la existencia. ¿La existencia de quién? Del autor. Del lector. De todo aquello que nace y por ende, muere. Esta mujer palpable e imaginaria representa las inquietudes del autor que caminan sin caminar entre lo vivido/real y lo apenas percibido que existe más allá del mar ya deshabitado.
De esta manera Villalona juega hábilmente con el lenguaje, con un castellano atemperado por los aires del Caribe. Un lenguaje de imágenes y contrastes (aves asesinas... parecen mármol quemado), de contemporaneidad y atemporalidad, donde los delivery, los training y los celebrity deathmatch dialogan con la Academia Dominicana de la Lengua.
Zingonia Zingone
San José, 23 de abril del 2012