Yelidá
«En Yelidá hay una fuerza magnética que atrae, pero que también empuja a un juego de impulsos centrípetos y centrífugos, hacia la lectura y la escritura de su propio tejido escritural. En esta pieza poética aflora el espíritu del mulataje montado en dioses ausentes, y en dioses que bañan un trópico de primaveras y misterios. El poeta canta a la identidad dominicana, a los orígenes, a las raíces étnicas. Según José Enrique Delmonte, Yelidá es, sin lugar a dudas, una de esas piezas imprescindibles que flota en ese mar de lirismo que constituyó la poesía dominicana del siglo xx. Y no es para menos, puesto que hay un sincretismo antitético que baña a Yelidá como fundamento de un estilo poético narrativo, conformado por una riqueza lexicológica y simbólica, y por una estructura que lleva a la raíz de un fondo denso y poblado de oscuridad y a la maraña singular de un adiós eternizado y perdido entre dioses». —Elena Ramos