Un hombre Discreto
El doctor Miguel Méndez Pinales, legista y patólogo forense, sabía descifrar las pistas de la escena del crimen. Sereno, se puso los guantes, estudió el cuerpo gigante, pálido, obeso, con media cabeza destrozada por el escopetazo y la masa encefálica esparcida en chisguetazos por el suelo y las paredes. Observó, tomó fotografías, escribió en su libreta.
Al salir de la casa, montó de prisa en el viejo Chevrolet, y se limitó a decir a los periodistas:
— Sin comentarios.