La mujer sin límite
Hija, reina y sacerdote
Siempre he creído que escribir va mucho más allá que
unificar palabras con la finalidad de que suenen bien.
Creo que escribir es tener la capacidad de plasmar en
letras una parte de nuestra vida, desde la plataforma
de la experiencia, lo cual nos hace creíbles, humanos
y reales. Todos somos o seremos procesados en las
pruebas, el punto es tener la capacidad de hablar de
estas sin resentimientos ni rencores, sino capacitados y
afirmados en nuestro camino de alma.
En la sociedad de hoy en día, todos crecemos con
limitantes. El ambiente y la atmósfera a la cual fuimos
expuestos desde que iniciamos este viaje llamado vida,
crearon a nuestro alrededor barreras que muchos al
pasar los años no pudieron superar. No hay nada más
triste que sentirse estancado, paralizado en el tiempo
y ver que todo avanza a nuestro alrededor, menos
nosotros. Ahora bien, la forma cómo afrontemos estos
límites que la vida pone frente a nosotros, marcará una
vida victoriosa o una derrota catastrófica, cerrando
nuestros días pensando en lo que pudimos ser y nunca
fuimos.
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Muchos de nuestros límites han sido puestos por las
personas que nos han rodeado, algunas con buenas
intenciones intentando protegernos crearon una barrera
infranqueable. Sin embargo, cuando nosotros nos
enfrentamos a la vida de la mano del Señor, nos podemos
dar cuenta que en Él los límites pueden desaparecer