Epístola sin tiempo para Juan Pablo Duarte
Es por lo de “Quisqueyanos valientes alcemos” y otras cosas.
Por esta adolescencia de sol en que vivimos
que me atrevo a escribirle, comandante.
Hasta ahora me bastó con admirarlo en silencio.
recordarlo sólo cuando veía su retrato en cualquier sitio,
como la de un pariente a quien no conocí
porque se murió hace tiempo.
Ahí estaba usted en el cuadro de siempre,
al entrar en algunas escuelas y oficinas,
tropezando de repente con su imagen,
pero sin saber qué hacer con su ejemplo
como si tuviera en mis manos una herramienta
que no supiera como se usa
o como debe articularse.