Se cortan chazo
Era marzo y 1998, una tarde única para mí, que había
decidido quedarme a vivir en la República Dominicana
y abandonaba la delegación cubana hospedada en el
Hotel Lina para refugiarme en la casa de Hugo Pérez,
mi exalumno y amigo.
Atrás quedaba una andadura de la que me sentía y me siento orgulloso. No solo había publicado en Cuba mis primeros libros, sino que además formé parte del pequeño núcleo que en Santiago de Cuba fundó el Festival de la Cultura Caribeña, primer paso hacia la posterior creación de la Casa del Caribe y de la revista Del Caribe.
Al momento de mi partida, estas eran ya instituciones
establecidas y de primera importancia para la cultura de la región. Aquella tarde de marzo así era el pasado. El futuro, en cambio, carecía de consistencia, era si acaso un deseo. Sin hogar, sin trabajo, sin dinero, lejos de la familia...