La tiranía de Eros y otros cuentos
Premio Joven de Cuento 2020
Ahora que vivía en su mismo edificio, Amador entendía que podrían llegar a un acuerdo cuando lograran intimar un poco. Se acostarían cada dos días o los fines de semana según lo dispusieran los desencantos o los giros más amargos de la agenda. Se acostarían por aburrimiento. Olvido. No había tratamiento más efectivo para los estragos modernos; para quienes vivían diariamente exprimidos por los engranajes sociales del siglo XXI. El sexo era un oasis artificial entre muchos. Un punto de equilibrio. La expiación. El cuerpo de Consuelo despejaría, como otros, las ansiedades más crudas de la desesperanza. Pero por el momento solo la monitoreaba y se hacía presente, porque la suma de sus recurrencias y atenciones, según había concluido, la amarrarían como mujer.