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ISBN 978-9945-9337-1-0

Salón de belleza Damas chinas Y El jardín de la señora Murakami
(Tres novelas cortas)

Autor:Bellatín, Mario
Colaborador:Báez, Rodolfo (Coordinador Editorial)
Editorial:Ultimos Monstruos Editores
Materia:Novelística mexicana
Clasificación:Ficción sobre distopías y utopías
Público objetivo:General
Publicado:2022-04-26
Número de edición:1
Número de páginas:150
Tamaño:5x7.5cm.
Precio:$500
Encuadernación:Tapa blanda o rústica
Soporte:Impreso
Idioma:Español

Reseña

Hace algunos años, mi interés por los acuarios me llevó a decorar mi salón de belleza con peces de distintos colores. Ahora que el salón se ha transformado en un Moridero, en el que van a terminar sus días quienes no tienen dónde hacerlo, me cuesta mucho trabajo ver cómo poco a poco los peces han ido desapareciendo. Tal vez sea que el agua corriente está llegando demasiado cargada de cloro o quizá que no tengo el tiempo suficiente para darles los cuidados que se merecen. Comencé criando Guppys Reales. Los de la tienda me aseguraron que se trataba de los peces más resistentes y por eso mismo los de más fácil crianza. En otras palabras eran los peces ideales para un principiante. Además, tenían la particularidad de reproducirse rápidamente. Se trata de peces vivíparos, que no necesitan tener un motor de oxígeno para que los huevos se mantengan sin que el agua tenga que cambiarse. La primera vez que puse en práctica mi afición no tuve demasiada suerte. Compré un acuario de medianas proporciones y metí dentro una hembra preñada, otra todavía virgen y un macho con una larga cola de colores. Al día siguiente el macho amaneció muerto. Estaba echado boca arriba en el fondo del acuario, entre las piedras blancas con las que recubrí la base. De inmediato busqué el guante de jebe con el que hacía el teñido de cabello a las clientas y saqué al pez muerto. En los días siguientes nada importante ocurrió. Simplemente traté de encontrar la medida correcta de comida para que los peces no sufrieran de empacho ni murieran de hambre. El control de la comida ayudaba además a mantener todo el tiempo el agua cristalina. Cuando la hembra preñada parió se desató una persecución implacable.

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