La piara
La piara está calculado para confundir al lector. Y éste, en efecto, se confunde si lo lee de forma lineal; o sea, de la primera a la última página. Al hacerlo, no entenderá nada, lo que es, obviamente, el propósito del poeta.
Giovanni Di Pietro
No se trata de un poeta experimentador por experimentar. La experimentación va paralela a la creación misma. Se trata de una posición creativa que se mueve, o procura, en los extremos de la vida…
José Enrique García
Pero he aquí que, en medio de ese complicado teorema de infatuaciones usurpadoras, hay un pastor que, callandito, insiste en erigirse como guía natural de aquella manada de puercos, llamando a La piara por su nombre de pila y apartándose de cualquier intento de parecer “poético”, hasta lograr que entre este libro y lo que cualquier cabeza de tubérculo llamaría “la poesía” haya tanto en común como entre un gallo bataraz y un iPad.
Manuel García Cartagena
Pastor, simplemente, es un irreverente que ama el pecado y hace una poesía como nadie más, siendo capaz de regalar una navajita real, para el que esté cansado de la vida, tenga la oportunidad, sin recurrir a veneno alguno o a otros formas heroicas del suicidio, a desangrarse como el chancho que nos ha dado a comer o las lobotomías que a toda velocidad nos ha hecho observar.
Manuel Mora Serrano
Alegórica y funesta esta Piara de Pastor de Moya se lanza como una pulsión en construcción alrededor de la carne. Puercos humanizados, humanos apuercados se desplazan por este texto movedizo, también performances y película.
Eugenio García Cuevas