Pocas palabras para grandes soluciones
Más de mil aforismos para la vida
Cada vez que tomo en mis manos un lápiz para plasmar soluciones, siento que, como a un niño se le toman las manos para enseñarlo a escribir, así hace Dios conmigo, pues Él me ordenó escribirlo para que el conocimiento revelado le sirva al que no lo tiene.
Cualquiera que lea este libro estará cubierto por la Gracia Divina. Así lo dispuso el Señor Jesucristo a través de la profecía de un hombre que, un día, sin conocerme ni conocerlo, cruzó el umbral de mi casa junto a una misionera, y me anunció: “Dice el Señor que avances con el libro, porque se venderá en el mundo, y será de bendición a todos los que lo compren y lean”.