Memorias de Ela
Un corazón destrozado por el fallecimiento de alguien importante en su vida, tan así que el corazón ya no tenía sentimientos tan fuertes por nadie más, solo era un órgano que le permitía vivir y sí, bombear sangre. Pero ese corazón es atravesado nuevamente por el amor, aquel que hace las guerras desaparecer, las naciones unirse en una lucha y romper toda barrera que el mundo quiera imponer.
Sí, es cierto, tal vez no todos los sentimientos de este siglo sean puros pues si las palabras carecen de ellos son como un susurro al vacío, pero también es cierto que hay personas increíbles a las que en una sociedad como esta las he denominado locas o tal vez extraterrestres, locas decididas a cambiar estos estereotipos, extraterrestres comprometidos a ser distintos del montón, demostrando que el mundo es un buen lugar por aquellos que residen en él, estos dos jóvenes se cruzaron en un camino de amistad en un café, con el tiempo conocerse les cambió la vida, les dio a ambos algo que necesitaban, y aunque podían vivir separados y no dependían uno del otro, sentían el poder de estar unidos, y así empieza el amor haciendo historia sin distinción de color o ideologías, olvidando las superficialidades y recordando nuestras debilidades aquellas que como un fuego a una roca al forjarse los hace diamantes, dicen por ahí que no se puede medir o definir cuánto queremos a alguien, porque definir es limitar y el amor no tiene límites.