Sinfonía en miedo mayor
En el poema que estudiamos, el miedo llega al extremo, se multiplica y crece hasta empaparse en sudores y temblores, porque aunque no lo dice de manera expresa se siente que hay un adulto mayor enfrentándose con una joven bestia de pasión que aterra, lleva al temor de fallar, al miedo de caer vencido de vergüenza y ansiedad vacía. Me recuerda un autorretrato del maestro Ramón Oviedo (1924-2015). Allí vemos su rostro con una lágrima ante una mujer desnuda».
«Así, el Miedo mayor mío es mantra poderoso del mandálico poema. Vuelve y revuelve el camino al orgásmico nirvana que el poeta encuentra en la palabra: la más grande fuerza del ser humano, su hechora, la que lo eleva sobre los otros animales.
Pocos poemas eróticos de la humanidad han llegado a tal paroxismo, donde lo bestial y lo celestial se confunden en un feliz sopor en que desaparece el espíritu en sublime sexualidad verbalizada. El poeta se envalentona y convierte su Miedo mayor en lanza que lo lanza en grito de guerra de general vencedor, desde la estrofa inicial».