Grietas
Jhak Valcourt mira a la ciudad y la vida que se mueve en sus calles y sus esquinas desde una posición privilegiada: la del extranjero que mira con, cierta, objetividad; y la de quien ya se ha ido «dominicanizando», mezclándose entre esos transeúntes que caminan corriendo, siempre tarde, y hablando a voz en cuello. En Grietas se atestiguan realidades, de aquí y de allá, con un dejo de nostalgia. Dos realidades que viven en el autor y, representados en él, en todos aquellos que parten del lugar de origen pero llevando incorporado en sí mismos nombres, lugares, olores, sonidos que construyen recuerdos.