Eso de cielo
Su discurso encarna un lindero casi imperceptible entre la
cotidianidad y el abismo. Esa forma de simbolizar la realidad cotidiana en la que confluyen el amor, la muerte, el ser y la vida, le permite traducir esa realidad en metafísica. O sea, que en su decir, trasciende el lenguaje mismo para alcanzar distintos estados de lo espiritual, allí donde subyace lo humano y lo sublime como esencia de las cosas.