Transeúnte fantasmal
Conocí a la poeta Sol Lora hace algunos años y desde la ocasión primera que la traté, descubrí que en su alma anidaba una artista cuyas alas ansiaban emprender el vuelo.
Su accionar apasionado y su amor por la poesía se acompañaban siempre de un texto que guardaba en algún rincón de su alma perturbada y que fluía con seguridad, pues ella estaba convencida, y nosotros sus amigos también, de que en estos se escondían horas de creatividad y revisión que procuraban la perfección de lo escrito.