Metamorfosis de las sombras
Sus poemas son breves, a veces brevísimos, como joyas de oro y piedras preciosas líricas. Fervorosas, más bien.
Veamos al poeta, con todo su fervor lírico, y su marca de fábrica en una poesía intensa, bastando como muestra, precisamente, el poema que da título al libro: Metamorfosis de las sombras:
Envuelta en una madeja de piel y polvo habita la risa del alba, del vacío espurio de las estatuas petrificadas se filtran los pétalos de luz que esquirla los reflejos de otros mundos.
Sus alas de metal son el crepúsculo donde preparan vuelo las golondrinas, eso es todo, la imagen congelada en sus retinas, que ya pronto se evapora como el rocío de un pétalo mortal y su recuerdo, que ya es el olvido que trasciende los espacios de la luz de ésta desgastada vela que llamamos presente.
Otros poemas de él son: Ausencia, Otoño, Silencio, En el espejo, Trazos Negros, Hermosa muerte y Nocturno como su carta de presentación.
Pues bien, tremenda sorpresa nos llevamos al recibir esos versos, y más, al conversar con él.
Señoras y señores: Quitémonos los sombreros: Ha nacido un poeta, y los pueblos deben celebrar ese acontecimiento como cuando se corona a un emperador. Con solo este manojo de versos libres y de prosas poéticas (pueden ser cualquier cosa en esta era de libertades), saludemos a ese Enmanuel, como aquel de Belén de Nazareth, que si bien no viene a salvar la humanidad, llega encendiendo un farol en medio de esta larga noche ausente de lumbres líricas.
Manuel Mora Serrano