Rafael Gamundi Cordero
Dedicado a la política por más de 70 años
Esta obra presenta casi un siglo de lucha política sin pausa por la independencia de la Patria y el bienestar general de su pueblo, gozando de paz, libertad y seguridad social, en lo que se ha avanzado mucho sin que todavía se haya logrado plenamente.
Durante tuvo en el exilio, sintió en su propio cuerpo las injusticias sociales que padecen los pobres de su tierra. Lo dura que es la vida: sin trabajo, pan ni techo; sin medicina, agua ni luz; sin protección ni seguridad de ningún tipo, como habita to-davía la mayoría de su país; y lo que es peor, sin esperanzas de vencer en corto tiempo, tan injustas e inhumanas condiciones, impuestas sin piedad por una oli-garquía cruel, cuyo poder y riqueza se sostiene en la ignorancia y la violencia que le permite el dominio de todas las instituciones del Estado.
Pensó a fondo en su pueblo vegano. La miseria que lo encadena a pesar de sus virtudes naturales, y decidió dedicar el resto de su vida, en cualquier circunstancia, a la revolución social que permita una mejoría en la calidad de existencia de su gente: Familias humildes gozando de los bienes materiales y morales propios de una vida moderna y civilizada.
Con esa idea de luchar hasta el fin por la DEMOCRACIA SOCIAL, retorné al país y en el mismo momento de su desembarco palpé la agresión de un grupo de infelices degenerados al servicio de sus propios opresores. Así ha seguido siendo y lo será, hasta que se cumpla el principio dialéctico de la lucha consciente de la transformación permanente de todas las cosas materiales e ideológicas existentes.
En la guerra constitucional de 1965, combatiendo en la parte alta de la capital, sintió que todo era posible luchando junto a un pueblo consciente y solidario, don-de la ayuda mutua y el compañerismo sincero conducía a las autoridades a trabajar sin más ambición que servirle. Un gobierno sin corruptos ni opresores con la parti-cipación de todos mediante los gloriosos comandos que habían impuesto un estilo de administración diferente, donde nadie iba a ocupar una posición cualquiera pen-sando en enriquecerse. Donde se respetaba y protegía los bienes alcanzados legíti-mamente mediante el trabajo físico o mental, decente y cristiano.
Predicó que, ningún fracaso o desengaño justifica el abandono de la lucha. Tampoco la edad o la enfermedad son motivos de claudicación para quien sabe que la lucha es permanente, sobre todo en un mundo como el actual donde todo cambia y se atrasa o mejora prontamente, llegando la ciencia a superar cuanto existe en po-co tiempo. Nada permanece estático y si lo está, está atrasado y pronto a convertirse en ruinas.
Este opúsculo demuestra que, como dice la sentencia revolucionaria: “es dulce y decoroso morir por la Patria” cuando las circunstancias lo requieren; que la lucha es permanente, si queremos vivir en un medio justo y decente, venciendo a toda clase de dificultades y enemigos del pueblo.