Nos mordió la noche
Escribir poesía desde lo más hondo del ser es una labor loable, casi divina afirmaban los griegos, para quienes el poeta era un ente especial. Nos mordió la noche es un poemario con mucha fuerza. El yo poético tiene un canto existencial que busca el porqué de las cosas, del amor, del dolor, de la partida de los seres amados. Con unos versos cargados de metáforas y símbolos, Martín Almengó deja fluir la conciencia hacia lo sublime, lo erótico y las pasiones de los sentimientos profundos.
La poesía que se logra en Nos mordió la noche despierta los sentidos mediante palabras desde el mismo título a través de la personificación. ¿Y quién no se ha sentido alguna vez mordido, intimidado y hasta violentado por una noche oscura? Son muchos los poetas que por siglos han cantado a la noche, quien es en sí misma una antítesis hermosa. Inspira miedo, temor, dolor para algunos; para otros es la esencia de lo sutil, de la conciencia dormida, de lo tentador, lo prohibido. Esta no es la excepción, pues la creación de belleza en el lenguaje cultiva la imaginación y la memoria cósmica.
El trabajo poético que se recoge en el poemario es una amalgama infinita de posibilidades temáticas, pues las evocaciones a las que nos lleva son distintas en cada lector. Ese es el verdadero valor de la poesía, el evocar sentimientos y realidades diversas. Esta creación poética dice con sus silencios, con su repertorio verbal, con su expresión tocada por la magia, lo que subyace dentro de la realidad.