El arte de León David
Desde sus primeras publicaciones, León David se ha esforzado por realizar una obra digna de mucho respeto, no sólo en términos lingüísticos, sino también en su contenido. El lenguaje depurado y selecto, pero no gratuito y de ningún modo pedante, como algunos insisten en verlo, caracteriza sus poemas, ensayos, cuentos y obras teatrales. Por cierto, esta es una espina en el costado de muchos escritores del país, pues ellos adoptaron un lenguaje grosso modo aproximativo y pedestre. Es que León tiene pensamiento. Lo cual se refleja en el uso que hace del lenguaje literario. Muchos de sus colegas, sin embargo, carecen de pensamiento. Aceptan de todo, imitan e inventan de forma gratuita. Su lenguaje campechano, del cual hasta se ufanan a título de actualidad, revela esta falla.
¿Y cuál es el contenido de las obras de León David? Es el único válido de siempre. O sea, el ser humano, sus glorias y miserias. Estas cosas no han cambiado desde que el mundo es mundo. León lo sabe. Y lo sabe porque acepta lo que acepta toda tradición literaria. Homero habló de ese contenido. Así Virgilio. Así Dante. Así Cervantes. Así Goethe. Son sólo los que quieren estar ridículamente de moda que no entienden tal cosa.
Por eso, si nos fijamos en toda su producción, nos damos cuenta de que León cuestiona constantemente la pereza intelectual vigente en nuestro ambiente. Sus dardos más certeros, por ejemplo, están dirigidos al relativismo literario y cultural de hoy. Donde al plomero se le considera a la par con el poeta, tiene que haber algo que simplemente no encaja. Como mínimo, el plomero resuelve problemas prácticos. Pero, ¿qué ocurre cuando al poeta excelso no se le distingue y hasta se le considera inferior al pelotero, al bachatero y al farandulero? Muchos escritores dominicanos han terminado por aceptar esta situación no sólo como normal, sino también como encomiable. Si esto no es pereza intelectual, ¿qué es?
Nos encontramos en un período en el cual el mal gusto está siendo entronizado en el lugar antes reservado a la literatura y la cultura. Cuando este proceso se cumpla, ya los seres humanos no serán lo que en el pasado se soñó que fueran. Y todo habrá terminado. En este juego final, las obras de León David tienen mucho que comunicarnos. Y lo hacen.