Mi amigo el manatí
odo comenzó con una imagen. El reportaje aéreo enfocaba las aguas cristalinas que rodeaban los islotes, oscureciendo el azul a medida que el mar se hacía más profundo. La arena blanca y fina se convertía en encaje a medida que la olas rompían suavemente. Unas pequeñas manchas alcanzaban a verse mientras se movían como si bailaran y de vez en cuando sacaban unas narices anchas y casi sonreían dejando ver unos ojitos tiernos que ofrecían amistad. Eran manatíes.
El reportero explicaba que habían formado un santuario entre los islotes y allí vivían en paz comiendo yerbas acuáticas del litoral y hojas de mangle.