Maestras del Ajedrez Dominicano
De Marvin González a Raydily Rosario Almánzar
A pesar de que el juego de ajedrez se caracteriza
por representar una batalla entre dos bandos,
cuyas ideas estratégicas y maniobras tácticas evocan una
confrontación viril, desde sus más antiguas expresiones el
juego ha dado paso a la participación femenina. Así nos
lo muestra el famoso grabado encontrado en la tumba
de la reina egipcia Nefertari (1250 AC), donde aparece
jugando Senet sobre un tablero de 30 casillas. También
en China, donde el Xiangqi se originó (700 AC), el juego
era practicado por ambos géneros de personas, aunque las
mujeres no eran tan numerosas como los hombres.
En la India, donde se atribuye el origen más cercano
del juego como se le conoce hoy, existen vestigios de
su existencia y apogeo a partir el siglo 7 a través del
Chaturanga. Dos rasgos principales lo asimilan al ajedrez
actual: las diferentes piezas poseían poderes distintos, y
la victoria dependía de una pieza, el rey. Sin embargo, la
primera ajedrecista indú que logró destacarse fue Fátima
Ghulam, quien obtuvo en 1933 el campeonato británico
de mujeres. Ese mismo año el indú Sultan Khan, también
triunfó en el campeonato masculino. Escribir la historia de nuestras Campeonas de Ajedrez
no es un reto sencillo, lo sé porque he vivido retos
similares. Asumir el rol de historiador, así sea en un
ámbito sencillo como éste, es un desafío que tiene sus
complicaciones más allá de la exactitud de los hechos que
se compilan. Siempre ocurre que los propios protagonistas
con frecuencia sobrevaloran sus logros, y esperan del
relator una ponderación a veces exagerada. Con todo eso
tiene que lidiar quien describe sin pasión los hechos bajo
la lupa de los datos fríos. En este caso, uno no puede más
que asombrarse de la gran cantidad de información que
Fabio ha compilado, llegando a convertirse en un asiduo
visitante del Archivo General de la Nación. Allí logró
rescatar relatos e imágenes que confirman muchos hechos,
olvidados hasta por los propios protagonistas.
La literatura ajedrecística dominicana se enriquece en
grado superlativo con esta publicación que llena un enorme
vacío y retribuye a todas esas heroínas del tablero todo el
esfuerzo realizado.