Introducción a los Carismas
La finalidad de los carismas lleva consigo la conclusión de su permanencia: si tienden a la utilidad común, es imposible que falten en la Iglesia de todos los tiempos. Porque en todos ellos, la Iglesia se construye, crece y necesita renovarse y extenderse. La manifestación del Espíritu en los carismas, por lo tanto, acompañara a la Iglesia a través de todos los tiempos. Si la Iglesia es el cuerpo de Cristo y éste debe crecer y desarrollarse “hasta la plenitud de Cristo” (Ef 4, 13), entonces tales carismas habrán de durar hasta el día en que el Cuerpo de Cristo se haya desarrollado plenamente no solo en la cabeza, sino también en los miembros.
Es una síntesis demasiado breve, la que hemos procurado dar a modo de orientación en un tema, aun hoy debatido. El mérito de la doctrina del Vaticano II en este punto es haber devuelto al termino “carisma” su significado más pleno, no limitado a los carismas extraordinarios, sino haberlo extendido a los mas ordinarios con los que el Señor construye especialmente Su Iglesia.