Si hubiera tenido un diálogo en Casablanca...
Ariadna Vásquez Germán escribe estos poemas, desde el corazón y las entrañas, como quien camina a tientas entre nostalgia y memoria. La imagen precisa, la palabra puesta en el lugar exacto, dotan a estos textos de una diafanidad, a pesar de cierta densidad conceptual, que nos permite ver a través del verso a la ciudad, a la mujer, a la vida misma como sujeto poetizado. Ariadna construye un mundo ficcional, cosa que parece paradójica, en el que seres reales (Cucurto, el abuelo, Negro) se mezclan con escenarios ficticios. La poesía de Ariadna nos lleva a lugares en que, a pesar del tono nostálgico, a veces solitario, nos sentimos acompañados. Al final, esa es la función del poema: ser espejo, abrazo, hombro.