Oración Personal
No negaré yo que en los hermosos tratados sobre la oración que el P. Benigno Juanes nos regala en esta ocasión, hay huellas de libros de competentes autores que han escrito largamente sobre esa realidad -orar- de la que decía Alexis Carrel que era tan necesario para el ser humano como el beber o respirar. No es eso, sin embargo, lo más interesante para mí. Lo interesante es que, en todo momento, en la obra del P. Juanes se trasluce su experiencia personal, una vida, no tan corta ya, impregnada y perfumada de oración en todos los modos ignacianos que no son poco. El P. Juanes no nos regala, según esto, exclusivamente “saber”, sino guiones riquísimos de su experiencia de vida. Valoramos profundamente esto y se lo agradecemos de corazón.
Cuatro valores embelesan en su obra: la perspicuidad, la hondura, el equilibrio y la unción. La perspicuidad delata el buen profesor que ha sido la mayor parte de su vida; la hondura, su agudez notable, su lucidez y su espíritu inquisitivo; el equilibrio, su serenidad y aplomo en Dios; y la unción, su vibración intima ante lo divino.