Mi vida en el tiempo
La vida, a juzgar por lo que me ha enseñado la mía, pareciera un constante comenzar. Una certeza, sin embargo, se ha anclado con hondas raíces en mi experiencia vital: nunca empezarás desde cero.
Reiniciar de cero es mera palabrería, la trampa de un pesimismo velado. ¿Qué aliento puede haber en comenzar desde cero? ¿Qué carga de optimismo transfunde una frase así, si se le interpretara en sentido literal?
El fardo de los errores propios, de los desaciertos, las lecciones aprendidas tras los golpes arteros, la traición y la deslealtad, el aprendizaje con cada tropiezo son una carga valiosísima que no ha de ponerse en baúl ni bajo siete llaves. Valen tanto como el conocimiento acopiado, el crecimiento profesional, los consejos del amigo, la instrucción del experto que te acompañó algún tiempo, todo lo que aprendiste de narices en los libros, en el estudio y hasta en el atrevimiento al que propulsa la avidez del saber.